En el 2005 Ana Vera llegó a Caracas proveniente del Táchira buscando labrarles un futuro a sus hijas. Con cinco años viviendo en el sector de Blandín, a muy pocos metros del núcleo de policía comunal de la Policía Nacional Bolivariana, cuenta cuál es su percepción del funcionamiento de este organismo policial en la zona.
Ana recuerda con mucha precisión como era la vida en este sector antes de la activación de la Policía Nacional Bolivariana: “le teníamos más miedo a los policías que a los mismos malandros, ante nuestros problemas la policía era nuestro último recurso, había como una pared, ahora como han cambiado las cosas”.
Vera califica como “drásticos” los cambios suscitados tras la incorporación del servicio de policía comunal, “ahora la policía habla con nosotros, interactúan, se interesan por nuestros problemas, gestionan las soluciones, nos sentimos protegidos pero también acompañados, no sólo en la lucha contra la delincuencia, también con el resto de nuestros problemas”.
Para la señora Vera uno de los logros más importantes en estos dos meses de gestión, es el fomento de actividades culturales y deportivas que disminuyen el tiempo de ocio de los niños y jóvenes del sector: “aquí hay muchas familias pobres, muchos chamos que no estudian ni trabajan y esos a la larga terminan cayendo en la delincuencia, la policía comunal nos esta ayudando a que nuestros muchachos se interesen por otras cosas que no sea el alcohol ni la droga”, destacó.
A su juicio, la relación policía- comunidad ha ido creciendo satisfactoriamente, “ todavía es muy pronto, y es verdad que ha pasado muy poco tiempo, pero si siguen así creo que esto va a ser un éxito”.
“Ahora habemos muchas madres que nos sentimos confiadas de que nuestros hijos estén participando en actividades con esta Policía Nacional, queremos seguir creyendo en este uniforme y en quienes lo porten”.









