“¡Policía, ven a llevarte a este niño que está llorando!”
“Amor, cuando crezcas quiero que estudies lo que quieras, que seas lo quieras ser…menos policía”
Son expresiones con las que hemos crecido y que las oímos en distintas versiones en el hogar y la escuela.
Sin lugar a dudas, hay hombres y mujeres policías que actúan deshonrosamente, delictuosamente o que han violado los derechos humanos. Pero esto no basta como motivo para que haya un rechazo social tan generalizado. Parte del problema es el desconocimiento de la función policial. Hay un adagio popular que muy sabiamente dice que se ama lo que se conoce y está cercano.
Si se desconoce para qué sirve la Policía muy probablemente ignoraremos o nos opondremos a la participación de esta institución en la vida común de la sociedad, reservándola para la excepción de la falta o delito.
Conociendo esta realidad, el modelo de la Policía Comunal propuesto en la Ley Orgánica del Servicio de Policía y del Cuerpo de policía Nacional anima a los cuerpos de policía estadal y municipal a diseñar un plan de atención e intervención en comunidades y centros educativos teniendo como paradigma que la escuela está en la sociedad, abierta a ella y nucleadora de la vida comunal: lo que pasa en la escuela repercute en la vecindad y viceversa.
En algunos estados del país ya ha comenzado a dar frutos este enfoque. Por ejemplo el testimonio de la pequeña Keila, estudiante de cuarto grado en El Carrizal, estado Falcón, quien nos cuenta: “El sol se me vino al piso cuando una serpiente cascabel mordió a mi mamá. Ella estaba desmalezando y la pisó y yo que estaba cerca casi me desmayo. Pero rápidamente, como en una película me vino a la mente todo lo que en la escuela me había dicho la instructora de primeros auxilios que tenía que hacer: el torniquete, el corte en la herida, la absorción del veneno y lavado de la herida. Claro, también gritaba mucho pidiendo ayuda hasta que llegaron unos vecinos y se llevaron a mamá al hospital”.
“Ella estuvo muy malita pero se alentó. La sargento me dio una medalla porque actué bien en una emergencia pero la mejor medalla es que mi mamá está bien, acá, conmigo. El día más bonito de todos es el martes cuando viene la policía y me enseña cosas tan útiles como salvar una vida.”









