Cuánto diera por poder transcribir metalépticamente la voluntad de compromiso, la sed insaciable de contribuir a mejorar el entorno, el aprendizaje que lo público nos pertenece, elementos presentes en la consulta nacional sobre estándares de actuación policial adelantada por el Consejo General de Policía.
En una propuesta de gobierno democrática, participativa, protagónica y socialista hay que “mandar obedeciendo”. Hay que escuchar para decidir y tener el oído sensible porque cuando quien es más débil habla, lo hace en voz baja. Pero esa voz puede cambiar la realidad.
Sectores campesino, pesquero, juvenil, obrero, indígena, empresarial, policial, comunitario testimoniaron la apropiación popular del servicio de policía y presentaron sus propuestas: actuación policial apegada a las leyes; uso de fuerza proporcional y diferenciado de la fuerza; atención especializada, integral e imparcial a las victimas de abuso policial o delitos; participación directa en la toma de decisiones, rendición de cuentas presentada sistemática, pública y transparentemente; que las relaciones comunidad-policía no sean terreno de expresión de agresividad, que los conflictos sean resueltos por vía de la negociación, superados a través del diálogo; que el policía sea un prójimo que trate al ciudadano y ciudadana a la vez como semejante y como a alguien absolutamente diferente: no como un número o un procedimiento y, menos, como a persona enemiga.
La dignificación de la función policial no puede realizarse íntegramente en un instante pero no podemos sucumbir a la desesperación ni rumiar catatónicamente las dudas. Seguramente en los estándares, manuales e indicadores estarán presentes, como esbozos de dignidad, las voces venezolanas que perfilaron el servicio de policía que anhelamos.
Un día vivirán en nuestra patria unas mujeres y unos hombres para quienes el recuerdo de los problemas que más pueden angustiarnos (inseguridad ciudadana y abuso policial) no existirá.









